Microempresas de mujeres III

3.4. Criterios sobre desempeño

Los criterios más utilizados para evaluar el resultado de las intervenciones de apoyo son los siguientes:

– el impacto: es decir, el número de personas – o de empresas – que se ven afectadas por una intervención dada y, más específicamente, el número de mujeres o el porcentaje de éstas que se ven afectadas;

– la eficiencia: se trata de evaluar cuál es el costo de una determinada intervención. La medición de la eficiencia de un mecanismo de apoyo específico o de una institución dada no resulta fácil. Hay costos directos e indirectos. Se pueden utilizar varios indicadores tales como, por ejemplo, la cifra invertida por empresa asistida o incluso el promedio de empresas asistidas por persona empleada en la institución;

– la eficacia: evaluar la eficacia de una intervención de apoyo equivale a determinar si la intervención de que se trata alcanza debidamente los objetivos que fueron fijados en el momento de la planificación y si se consiguen los efectos deseados. En lo que se refiere a la ayuda a las empresarias, se trata de saber si los mecanismos de asistencia permiten mejorar considerablemente la capacidad de las mujeres de conseguir unos ingresos, así como su carga total de trabajo y sus condiciones de vida, y si les protegen de una explotación abusiva por parte de intermediarios tales como los prestamistas, los contratistas (en el caso de la subcontratación), o los miembros de su propia familia;

– la sostenibilidad: la sostenibilidad debería conseguirse en dos niveles: las organizaciones intermediarias deberían tener como objetivo asegurar el carácter duradero de las empresas a las que proporcionan servicios de apoyo; deberían también esforzarse por asegurar su propia sostenibilidad como organizaciones, en particular generando sus propios recursos.

Se pueden atribuir diferentes niveles de prioridad a estos criterios, según cuales sean los objetivos de las intervenciones. En cualquier caso, es bastante difícil satisfacer todos los criterios simultáneamente.

3.5. Problemas relacionados con los diferentes enfoques

El objetivo propiamente dicho de las intervenciones destinadas a alentar a las mujeres a establecer una empresa se pone a veces en tela de juicio. La actividad empresarial no es necesariamente la panacea para las mujeres. Se ha argumentado que, debido a las múltiples funciones que deben desempeñar, su carga de trabajo puede llegar a ser insoportable, mientras que sus ingresos no aumentan de manera considerable. Los aspectos cualitativos también se ponen en entredicho, así como la falta de protección de los microempresarios en materia de seguridad social.

. Las intervenciones destinadas a mejorar el funcionamiento de las empresas existentes son por lo general más eficientes que las destinadas a crear nuevas empresas. Ahora bien, esto no debería servir de pretexto para excluir a los empresarios potenciales, especialmente si se tiene en cuenta la dimensión «creación de empleo».

. Los servicios de apoyo destinados al conjunto de las empresas, cualquiera que sea su dimensión, tienden a pasar por alto a las microempresas y a las pequeñas empresas, en particular a las microempresas dirigidas por mujeres. Como ya se ha mencionado, no se toma debidamente en cuenta a las mujeres en lo que se refiere a su capacidad como empresarias. Cuando ocasionalmente se las toma en consideración, no se comprenden de manera adecuada sus necesidades específicas.

La visibilidad de sus empresas es a menudo imperceptible dado que muchas empresarias actúan desde su domicilio. Esto se ve agravado por el hecho de que las propias empresarias no contemplan la posibilidad de solicitar la ayuda de las organizaciones intermediarias que s e ocupan del desarrollo de la capacidad empresarial. En estas circunstancias, resulta a veces necesario desarrollar programas especiales para las mujeres con el fin de que éstas puedan beneficiarse de los mismos. Ahora bien, algunas organizaciones intermediarias destinadas exclusivamente a las mujeres no siempre poseen la capacidad profesional necesaria en materia de desarrollo empresarial. En algunos casos, su intervención puede incluso contribuir a excluir a las mujeres del mundo empresarial.

. Los programas destinados a las mujeres a menudo operan de manera diferente a los programas supuestamente mixtos. De hecho, muchos programas destinados a las mujeres se basan en un enfoque más bien social que prevé la generación de ingresos y tienden a pasar por alto las necesidades del mercado. Las instituciones que se ocupan de esos programas con frecuencia subvencionan las actividades de producción de las unidades económicas que establecen, en vez de preparar a las mujeres a emprender actividades realmente rentables. En lugar de promover el espíritu empresarial, tales instituciones desempeñan ellas mismas todas las funciones de gestión de las unidades de producción, lo cual no hace sino reforzar la situación de dependencia de las mujeres.

. Para lograr una mayor eficacia, algunas organizaciones intermediarias suelen dar prioridad a las mujeres que poseen formación, las cuales operan más bien en el sector estructurado de la economía, en detrimento de las mujeres más desfavorecidas del sector no estructurado.

. Se sabe perfectamente que las organizaciones intermediarias especializadas en un solo tipo de apoyo son más eficientes (cuando se concentran en las actividades de su competencia más específica) que las organizaciones que actúan en múltiples sectores de actividad. Ahora bien, las intervenciones de tipo minimalista pueden resultar insuficientes en un medio en el que se carece de cultura empresarial. Además, las instituciones que proporcionan servicios a las microempresas o a las pequeñas empresas con frecuencia no actúan de forma coordinada.

. Las organizaciones intermediarias no disponen siempre de las competencias necesarias para proporcionar asistencia a las microempresas. A veces experimentan no sólo problemas técnicos, sino también a nivel de su propia gestión administrativa y financiera. De hecho, muchas organizaciones intermediarias dependen de fuentes de financiación externas y no siempre consiguen asegurar su propia sostenibilidad.

. Diversos estudios han demostrado que, pese a la multiplicidad de organismos que ofrecen diversos servicios destinados a promover la capacidad empresarial de las mujeres, la gran mayoría de las microempresarias no se benefician de sus acciones.

4. Un entorno empresarial favorable

Las intervenciones destinadas a apoyar a las micro y las pequeñas empresas no obtienen grandes resultados si no toman en consideración el entorno empresarial. Las empresas actúan en un entorno dado que se ve influenciado por el nivel de desarrollo económico y social, los recursos humanos y de otra índole, las políticas, la reglamentación, etc., así como por la cultura local. Cuando el entorno es apropiado para el desarrollo de las empresas, se califica de entorno empresarial favorable.

Las empresas no constituyen un conjunto homogéneo. Difieren en cuanto a su dimensión, sector, tipo de propiedad, etc. Por consiguiente, es necesario conocer adecuadamente las características de las empresas y de los empresarios, así como los obstáculos a que estos últimos deben hacer frente cuando establecen, consolidan y desarrollan sus empresas, a fin de determinar lo que podría constituir un entorno empresarial favorable. Cabría considerar los componentes siguientes:

. las políticas: las políticas generales de desarrollo, las políticas regionales, las políticas sectoriales y de desarrollo industrial, las políticas comerciales, las políticas fiscales y monetarias, las políticas relativas a la educación, las políticas de empleo, en especial las referentes a los salarios, las condiciones de trabajo y la protección social de los trabajadores, las políticas en materia de tecnología, etc. Algunos países han adoptado políticas específicas para el desarrollo de las micro y las pequeñas empresas. Además, las políticas destinadas a la promoción de la igualdad de oportunidades y de trato para las mujeres son particularmente pertinentes para favorecer la actividad empresarial de éstas. También es de suma importancia la coherencia de la estructura normativa respecto al desarrollo de las micro y las pequeñas empresas dirigidas por mujeres;

. la legislación, los reglamentos y los procedimientos administrativos: esto incluye el registro de las empresas y los permisos de establecimiento, la tributación, la legislación laboral y en materia de empleo, los derechos de propiedad, la ejecución de los contratos, el código de inversiones, el control de los precios, el acceso a las divisas, el acceso a las licitaciones públicas, la legislación social y laboral, etc.; la transparencia de esta reglamentación y la manera en que se aplica a las micro y las pequeñas empresas son de decisiva importancia, al igual que la estabilidad del entorno jurídico y reglamentario;

. las instituciones: la existencia de organizaciones intermediarias eficientes y eficaces que proporcionan servicios de desarrollo empresarial pertinentes, tanto financieros como de otra índole;

. la infraestructura: los sistemas de transporte y de comunicación, el acceso a las redes de distribución de agua, electricidad, teléfono, correo electrónico, etc.;

. los aspectos culturales: existencia o no de una cultura empresarial que favorezca las iniciativas y permita tomar riesgos, y que haga posible para los empresarios desempeñar un papel en la sociedad. En cuanto a las mujeres, aunque se observen ciertas características comunes, hay grandes diferencias, desde el punto de vista cultural, en lo que concierne a la situación en que se encuentran en las distintas partes del mundo. En ciertas culturas, se admite que las mujeres puedan ejercer una actividad económica fuera del hogar, mientras que en otras el desempeño de tal actividad se considera muy negativamente. La preocupación por los aspectos culturales en los programas de desarrollo nos remite a los problemas que se han mencionado más arriba, dado que éstos son con mucha frecuencia de carácter sociocultural.

En muchos países, se han formulado políticas que tienen como fin favorecer el desarrollo del sector privado. Lamentablemente, en muchos casos esto ha favorecido a las grandes empresas, de gran coeficiente de capital, en donde los propietarios o directores son por lo general hombres, a veces en detrimento de las micro y las pequeñas empresas las cuales utilizan un mayor coeficiente de mano de obra y en las que el número de mujeres propietarias o directoras es por lo general más elevado.

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